Ana María

Ana María

Little Superheroe


"Tengo 8 años y pasé a 3er grado".

Este año 2018/19 he comenzado clases en mi cole de siempre, donde están mis amigas y mi hermana. Estoy muy feliz de poder hacer deportes de nuevo: mis favoritos la natación y la gimnasia. 

Aunque todavía tengo que utilizar los compresivos y el equipamiento, ya puedo tener una vida normal, es verdad que algunos niños se me quedan viendo en el cole, en la calle, a donde vaya…, no me gusta para nada, por eso no veo la hora de poder ir libre al natural, pero todavía falta un poco más...
No me acuerdo bien como pasó, pero sí de la fecha: el 11 de marzo del 2017. 

Estaba sentada en la mesa con mi familia comiendo fondue al lado de mi hermana, como muchas otras veces, pero sin saber cómo, en un momento saltó fuego en mi camiseta, intenté apagarlo con mis manos, mis padres intentaban apagarlo también; solo gritos y dolor, yo creía que me iba a morir, y en poco tiempo salimos corriendo al hospital. 

Tuve quemaduras de 2 grado superficiales y profundas en 23% de mi cuerpo.

Del hospital recuerdo poco... 

Al principio no sabía dónde estaba ni que había pasado…, pero después de unos días comenzaron a visitarme. Me alegre tanto un día cuando mi mamá me dijo que tenía muchas sorpresas para mí: toda mi familia había venido a verme desde España. De dos en dos fueron entrando a mi habitación, no podían entrar más personas, pero me reí mucho con cada uno de ellos.

Me acuerdo también de Victoria, la mamá de mi amiga Lisa, me trajo unos cuentos y me los leyó. También vino Lis, la mamá de mi amiga Emma, juntas vimos Vaiana aunque no se pudo quedar hasta el final, y también mi tío Jesus que vino desde Estados Unidos y ¡me trajo Vaiana en muñeca! De las visitas la que más me alegró fue la de Lucía, mi hermana, le dieron permiso especial para venir a jugar conmigo, la extrañaba mucho, nunca habíamos pasado tanto tiempo sin vernos.
El día que no se me olvida fue el del segundo injerto, tomaron la piel de mi pierna, y cuando me desperté tenía muchísimo dolor, recuerdo que grité y lloré, me dolía tanto la pierna y vinieron varias enfermeras y doctores a ponerme más medicamentos hasta que el dolor se pasó. 
En la primera operación me quitaron la piel de la cabeza y cuando me desperté no me dolió nada.

Me dieron un Diploma de Valentía.

Pasamos un mes en el Hospital Saint Luc Saint Joseph de Lyon, mis enfermeras favoritas tienen el mismo nombre: Emilie; cantaban conmigo, me daban mis medicamentos, también los fisioterapeutas Sully y Nieves, eran muy simpáticos, ¡los dos hablaban español! Todos los médicos y enfermeras fueron muy buenos conmigo, y hasta me dieron un Diploma de Valentía firmado por ellos.
Un día paso algo muy gracioso, ¡vinieron unos payasos al hospital!, hicieron burbujas en mi habitación, hicieron trucos de magia, nos disfrazaron, tocaron música y nos hicieron reír mucho. 
Recuerdo el día que me obligaron a caminar…, tenía miedo de caerme. Todo el tiempo que pasé en el hospital tenía muchos cables y una sonda, y estuve casi siempre acostada o sentada en la cama. Después de unas semanas trajeron la silla de ruedas, y a veces mi mama y mi papa querían subir a la terraza y sacarme a pasear un poco, pero a mí no me gustaba mucho la idea, no había niños, no podía hacer nada, y nadie estaba tan quemado como yo. 
Recibí muchas cartas, cuentos, juguetes, visitas de mis familiares, visitas de amigos de mis padres, Lucía era la única niña que podía entrar a jugar conmigo, esperaba el miércoles o los fines de semana para verla. Mis compañeros y profesores del cole me enviaban videos y dibujos, ¡cada día había una sorpresa para mí! Yo decidía donde poner los dibujos y regalos en mi habitación, los doctores decían que era la habitación más bonita de todo el hospital. 
Cuando me sentí mejor me dijeron que ya no podía estar en el hospital, que ahí solo están los niños que necesitan ayuda y medicamentos, pero no podíamos irnos a la casa porque todavía mi piel no estaba completamente sana. Ahora me transferían a un centro infantil para niños quemados. Faltaban apenas unos días para mi cumpleaños, y me puse a llorar porque yo lo quería celebrar en mi casa.
Una gran sorpresa para mí: el Centro “Romans Ferrari” tiene un jardín, y pueden venir a visitarme los que quieran, pero sobre todo ¡podemos celebrar mi cumpleaños! Cumplí 7 años a los 4 días de haber llegado. Fue el día más feliz, estaban todos mis familiares de España, y celebramos juntos con una fiesta que duro todo un fin de semana.

Lo que me gustó del centro es que las habitaciones no son como las del hospital, las paredes son de colores, hay muchos niños y también tienen escuela. Me di cuenta que igual que a mí, otros niños también han sufrido un accidente. 

En el centro tenía todo lo que necesitaba para sanar: médicos, enfermeras, fisioterapeutas, psicólogos, duchas filiformes, compresivos, equipamiento… Un día mi psicóloga me pregunto ¿qué harías si tuvieras una varita mágica? Yo le dije: curaría a todos los niños que hay en el centro. Mi deseo más grande es que no haya más niños quemados. Lo que no me gustó del centro es que no podía dormir con mi mamá, ni estaba con mi familia y amigos, y tenía que llevar el equipamiento todo el día. Inmovilizada no podía hacer mucho, estaba en la silla de ruedas porque era muy pesado y me cansaba, no podía jugar todo lo que me gusta, pero, sobre todo, no podía dar abrazos…
A veces le preguntaba a mi mamá, ¿Por qué me tuve quemar?, pero ella dice que no hay respuesta, que es lo mismo que preguntar ¿Por qué tengo los ojos verdes? O ¿Por qué soy inteligente? Ella dice que todo pasa para aprender, y ahora yo sé mucho sobre quemaduras, tanto que hice una exposición en mi clase y explique todo sobre las capas de la piel y como prevenir accidentes. Yo sé que tengo suerte de tener a mi familia y a los mejores médicos del mundo.

18 meses en el Centro.


Hice muchos amigos, algunos estaban más quemados que yo, otros menos, y a casi todos los tuve que despedir porque salieron del centro antes que yo. Algunos se quemaron con agua o aceite hirviendo, otros con fuego, o con electricidad. La verdad es que todos nos equivocamos, los adultos y los niños. Mi mamá y mi papá se turnaban para quedarse conmigo en el Centro en “La Casa de Familia”, cada día podíamos cenar juntos, pero al mediodía tenía que comer con el grupo. Iba al colegio por las mañanas y a mis tratamientos por las tardes, pero ahora todo eso parece que pasó hace mucho tiempo, aunque en realidad solo han pasado 4 meses desde que salí.

4 años después...

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